Madrid , 23 de Agosto de 2017

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Ruta de : ATOCHA

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La calle de Atocha se puede considerar como uno de los ejes urbanos más importantes que a tenido la ciudad a lo largo de su historia. Así, entre el siglo XVI y mediados del siglo XIX, comunicaba el centro urbano con el extremo sur-oriental de la ciudad, prácticamente siguiendo un largo trazado en línea recta. Esta particularidad fue aprovechada en repetidas ocasiones por la Corona, ya que se antojaba adecuada para servir como escenario de numerosos ceremoniales de la corte (entradas reales, traslados de exequias, etc.). La calle finalizaba, como no podía ser de otra manera, en la Puerta de Atocha, que entonces estaba emplazada más o menos donde hoy convergen el paseo del Prado y la glorieta del Emperador Carlos V.
El caserío que se levanta próximo a donde estuvo esta puerta es el que vamos a ver en este recorrido y fue considerado durante siglos como parte de las afueras de la ciudad. De hecho, su situación periférica determinó que desde el siglo XVI se emplazaran aquí los principales establecimientos hospitalarios de la corte, trayectoria que continuó en el siglo XVIII con edificios mejor dotados, como el Hospital General –hoy Centro Nacional de Arte Reina Sofía-, la Facultad de Medicina y el Hospital Clínico de San Carlos –hoy Conservatorio Superior de Música-.
La Puerta de Atocha comunicaba con el exterior a través de una red caminera que se había remodelado y ornamentado durante el siglo XVIII. Por ella uno se podía dirigir hacia el Convento de Nuestra Señora de Atocha –hoy Basílica y Panteón de Hombres Ilustres-, o podía tomar dos de los caminos que se dirigían hacia el sur, bien el que pasaba junto al santuario de Santa María de la Cabeza, de quien luego tomó el nombre dicho paseo, o bien se podía llegar hasta la Dehesa de la Arganzuela y el río Manzanares por el Paseo de las Delicias.
A mediados del siglo XIX todo este paisaje empezó a cambiar. Con el derribo de la Puerta de Atocha en 1851 se inició una tímida expansión urbana que cobró vigor en la década siguiente, a raíz de la demolición de la cerca que encerraba el caserío y con el trazado de los nuevos barrios del ensanche. A todo esto contribuyó la construcción de la segunda línea férrea del país y de la primera estación de Madrid, emplazada a unos pocos metros de distancia de donde estuvo la antigua puerta. Ciertamente, más que de una estación se trataba de un simple embarcadero que facilitaba el acceso al ferrocarril que se dirigía a Aranjuez. El crecimiento de la red ferroviaria hizo que la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante reemplazara este embarcadero por la gran estación monumental que vemos en la actualidad y conocemos como Estación de Atocha o del Mediodía. Fue construida entre 1890 y 1892 con una impresionante armadura de hierro que hoy da cobijo a un interesante jardín tropical. A finales de la década de 1980 se empezaron a construir nuevas dependencias ferroviarias para articular el tráfico de la red de cercanías y los nuevos trenes de alta velocidad (AVE). Decenas de miles de pasajeros utilizan a diario sus instalaciones, pues se ha convertido en uno de los principales nudos de comunicación ferroviaria de la ciudad y de la provincia.
Frente a la estación, a finales del siglo XIX se abrió el paseo de la Infanta Isabel como prolongación del Paseo del Prado y antesala del nuevo barrio del Pacífico. A través de este nuevo eje urbano, que vino a segregar parte de los terrenos del antiguo Olivar de Atocha, se establecía una relación más directa con la carretera de Valencia y entre el casco viejo y los nuevos barrios del este. Entonces coronaba este entorno el Observatorio Astronómico, construido en el Cerro de San Blas por Juan de Villanueva entre 1790 y 1808. La iniciativa estatal contribuyó a hacer más elegante la cabecera de este paseo con la construcción de edificios de grandes proporciones y trazas monumentales, como el Ministerio de Fomento –hoy de Agricultura Pesca y Alimentación-, el Museo Etnográfico –hoy Antropológico-, y la Escuela de Obras Públicas con un pequeño taller de electromecánica, actualmente convertidas en dependencias del Ministerio de Educación y Ciencia.
Detrás del paseo de la Infanta Isabel, los apasionados por la lectura pueden encontrar libros curiosos y antiguas ediciones en las numerosas casetas de libreros que se disponen a lo largo de la Cuesta de Moyano.
Al sur de la glorieta del Emperador Carlos V se encuentran los barrios ortogonales del ensanche que fueron construidos durante la segunda mitad del siglo XIX. Al igual que otras áreas del sur, estos barrios del ensanche estuvieron en principio destinados más a usos industriales que residenciales, precisamente por su cercanía a la red ferroviaria. Esta tendencia se invirtió durante la segunda mitad del siglo XX y hoy apenas quedan restos de aquella actividad fabril e industrial.
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