Madrid , 25 de Marzo de 2017

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Entre mediados del siglo XVI y comienzos de la década de 1930 la parte occidental de la ciudad estuvo dominada por vastas posesiones reales: el Palacio Real y el Campo del Moro, la Casa de Campo, y más al norte en la conocida montaña del Príncipe Pio se constituyó a finales del siglo XVIII el Real Sitio de la Florida. Esta circunstancia y la conocida barrera natural que constituía el río Manzanares, obstaculizaron el desarrollo urbano por esta parte de la ciudad, hasta que a finales del siglo XIX empezaron a surgir nuevos barrios junto al límite sur de la Casa de Campo y entorno a la carretera de Extremadura. La presencia de estas posesiones reales obedecía a una estrategia que había sido originariamente programada por Felipe II (siglo XVI), con objeto de aislar su residencia del resto de la ciudad, entonces ubicada en el viejo Alcázar donde hoy se levanta el Palacio Real. Este monarca comenzó este aislamiento con la compra los de terrenos que daban a la fachada oriental del Alcázar, es decir, el espacio que hoy comprende la plaza de Oriente y sus inmediaciones, y con la compra de la Casa de Campo a los descendientes de Fadrique de Vargas, según consta en Real Cédula expedida en 1562. Con posterioridad, la Casa de Campo o Real Bosque de caza se fue ampliando con la compra de nuevos terrenos. En la primera mitad del siglo XVIII el infante don Fernando, hijo de Felipe V, adquirió 3.297 fanegas, medio celemín y siete estadales; Fernando VI aumentó la posesión con 29 escrituras de compra de diversas tierras que estaban dentro de los límites del Real Bosque; Carlos tercero en los años centrales de su reinado hizo lo propio con la adquisición de 64 fanegas y 11 celemines, alcanzando un total de 4.097 fanegas, o lo que es lo mismo, 14.027.349,57 metros cuadrados. La posesión tenía la forma de un polígono irregular cercado de 52 lados, con entrantes y salientes, y presentaba una división interior en parcelas destinadas a diferentes usos: caminos, arroyos, veredas, fuentes, minas y caceras, lagos, estanques, tierras de regadío y de secano, huertas y chaparrales de encinares y jarales, pajareras, casas de guardas, un palacete y pequeñas edificaciones para su mantenimiento. Con el advenimiento de la Segunda República, la posesión de la Casa de Campo dejó de pertenecer a la Corona y pasó a manos del municipio, según consta en el decreto de cesión del 20 de abril de 1931. Desde entonces la Casa de Campo está abierta al público y ha sido escenario de numerosas celebraciones, como por ejemplo, la primera Feria Nacional del Campo (1959) y la primera Feria Internacional del Campo (1953), que constituirán el precedente de los recintos feriales de Madrid. Nuevas instalaciones como el Parque de Atracciones (1969) y el Parque Zoológico (1972) vinieron a incrementar la oferta turística y de ocio de la Casa de Campo. En la actualidad, este espacio, considerado como un pulmón de la ciudad, tiene una superficie cercana a las 1.750 hectáreas, extensión inferior a la que había alcanzado a finales del siglo XVIII.
El Campo del Moro también fue una posesión real importante y formaba parte del complejo palatino de la monarquía. No se sabe a ciencia cierta cual es el origen de su nombre, pero según cuentan algunas crónicas parece ser que en este lugar se levantó un campamento musulmán (almorávide o almohade) que mantuvo cercada la ciudad durante las escaramuzas de la reconquista, de ahí que popularmente se le conociera como Campo del Moro. Lo que sí sabemos es que los terrenos donde se encuentra fueron adquiridos por Felipe III a comienzos del siglo XVII, para convertirlos en jardín de su residencia y escenario de fastuosas fiestas cortesanas. Desde entonces ha conservado sus 20 hectáreas de superficie, pero no siempre el porte con el que fue creado, ya que en el siglo XVIII se convirtió en la escombrera de las obras de construcción del nuevo Palacio Real. En 1840 se iniciaron sus obras de restauración y en 1890 la reina regente María Cristina de Austria encargó la remodelación de sus jardines. Al igual que sucediera con la Casa de Campo, esta posesión real pasó a formar parte del municipio en 1931. Desde comienzos de la década de 1960 se encuentra ubicado en el Campo del Moro el Museo de Carruajes, donde se pueden contemplar gran número de calesas, banastas, cabrioles, coches de caballos y otros tipos de carruajes que pertenecieron a la Casa Real, junto con multitud de piezas y colecciones de todo tipo y que antaño se custodiaron en las Caballerizas Reales, edificio anejo al Palacio Real -donde hoy se encuentran los jardines de Sabatini- que fue derribado durante la Segunda República.
Para concluir, recomiendo al lector que vaya a contemplar la Puerta de San Vicente, emplazada en la glorieta de este nombre, y, aunque no es la original, es una fiel reproducción que no deja de sorprender por su porte y monumentalidad. Junto a la puerta se encuentra la Estación de Príncipe Pío o del Norte, que fue la segunda gran estación que se construyó en la ciudad después de la de Atocha. Esta emplazado en lo que tiempo atrás constituyó parte del real Sitio de la Florida, de ahí que conserve el nombre del Príncipe Pío, pues como dijimos en el recorrido de Rosales, aquí se encontraba el palacio y jardines de dicho personaje.
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