Madrid , 25 de Marzo de 2017

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En esta zona hay una curiosa mezcla de espacios urbanos que se configuraron en diferentes épocas. Junto a una morfología urbana característica del Madrid antiguo (villa medieval y ciudad cortesana) aparecen nuevos espacios urbanos creados en el siglo XIX (plazas de Oriente e Isabel II) y en el siglo XX (plaza de España y último tramo de la Gran Vía). Como ha ocurrido en otras grandes ciudades, las remodelaciones urbanísticas que se hicieron en el casco viejo, perseguían la creación de espacios públicos descongestionados y necesarios para la ventilación, la luminosidad y la salubridad de la población, además de seguir criterios funcionalistas y en menor medida ornamentales.
El Palacio Real y la plaza de Oriente, encabezada por el Teatro Real, constituyen un ejemplo muy característico y representativo, que el viandante no debe dejar de visitar. Estamos en un área urbana que se remonta a la época árabe (siglo IX), cuando Madrid sólo era una ciudad fortaleza de las muchas que constituían el sistema defensivo de la Marca Media. Era una ciudad amurallada que envolvía la almudaina y el alcázar, quedando extramuros la medina y el barrio mozárabe. Con posterioridad y con la ciudad de Madrid bajo dominio de los reinos cristianos bajomedievales, el alcázar fue sucesivamente reformado para acondicionarlo como residencia de los reyes castellanos. También lo habitaron esporádicamente los Reyes Católicos y Carlos V, pero con el traslado de la corte a Madrid, decretado en 1561 por Felipe II, el alcázar se convertirá en la residencia principal de los reyes de la Casa de Austria. Nuevas ampliaciones y construcciones aledañas vinieron a completar el complejo palatino, como la casa del Tesoro, las cocinas, la casa de los Pajes y las caballerizas reales. En suma, se creó en esta parte de la ciudad un Real Sitio bien diferenciado del tejido urbano de la villa, en el que no faltaban fundaciones monásticas, como el Monasterio de la Encarnación que todavía hoy podemos visitar. En 1734, reinando Felipe V, de la Casa de Borbón, se quemó por completo el antiguo alcázar. Debido a lo significativo del lugar el mismo rey decidió construir un nuevo palacio real, siguiendo los gustos arquitectónicos que entonces hacían furor en la corte francesa de Versalles, donde reinaba su abuelo Luis XIV. Aprobado el proyecto del arquitecto Sachetti, las obras comenzaron en 1738 y concluyeron en 1764, siendo Carlos III el primer monarca que lo habitó. Con posterioridad y hasta bien entrado el siglo XIX se siguieron haciendo obras de ampliación, como las alas laterales que encierran la plaza de la Armería, y se siguieron construyendo nuevas dependencias cercanas al palacio como las caballerizas –reemplazadas en la década de 1930 por los Jardines de Sabatini- y la Casa de los Secretarios de Estado y de Despacho, conocida como palacio del marqués de Grimaldi. Más importante fue la creación de la plaza de Oriente. Fue impulsada en 1809 por José I Bonaparte, pues había traído de Francia la idea de la concreción de grandes espacios públicos en las grandes ciudades. Sus actuaciones se limitaron a derribar las manzanas de casas, iglesias y conventos que había en este lugar con anterioridad a la plaza. Fernando VII retomó la idea de su predecesor, habida cuenta que ganaría en vistosidad su residencia, y en 1817 encargó su realización al arquitecto Isidro González Velázquez. Lo más novedoso de su proyecto consistía en crear en el lado opuesto a la fachada oriental del palacio un gran teatro real, que reemplazara al entonces demolido Coliseo de los Caños del Peral (1737-1817). El nuevo teatro se inauguró en 1850, pero presentaba una fachada occidental que había condicionado fuertemente el desarrollo de la plaza. Tanto es así que se decidieron derribar todas las realizaciones que se habían efectuado en la plaza con anterioridad a 1836. El proyecto definitivo fue realizado en 1844 por Narciso Pascual y Colomer, consistente en una plaza rectangular con cabecera curvada, flanqueada por dos espacios ajardinados y con la disposición de dos manzanas de casas simétricas a ambos lados del teatro, tal y como la vemos hoy. La construcción de la plaza de Oriente y del Teatro Real tuvo la gran virtud de crear un nuevo espacio de relación entre el Palacio Real y la villa.
Muy cerca de la plaza de Oriente se encuentra la calle del Arenal y la plaza de Isabel II, que están llenas de comercios, restaurantes, bares y algunos cafés típicos. También es aconsejable la visita a la plaza de la Marina Española, donde se encuentran los palacios del Senado, del marqués de Grimaldi, y el que fuera del Santo Oficio o Inquisición –hoy convento de Reparadoras-.
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