Madrid , 23 de Agosto de 2017

HISTORIA de Madrid

Crecimiento urbano
Madrid Corte ...

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Madrid Medieval

Solar de Madrid

En el Siglo X (Madrid Musulmán)

En el Siglo XII (hasta 1200)

En el Siglo XIII (hasta 1300)

En el Siglo XIV (hasta 1400)

En el Siglo XV (hasta 1450)

MADRID CORTE


En el Siglo XVI (hasta 1600)



Madrid Capital

En el Siglo XIX (hasta 1845)

En el Siglo XIX (hasta 1875)

En el Siglo XIX (hasta 1900)

En el Siglo XX (hasta 1916)

En el Siglo XX (hasta 1930)

En el Siglo XX (hasta 1939)

Sabías que..

En 1561, Felipe II designó a Madrid como sede permanente de la Corte. Este acontecimiento, conocido como el impacto de la corte, va a ser determinante en la evolución de todos los aspectos históricos, sociales y económicos de Madrid y su territorio.
Fueron muchos los motivos que indujeron a Felipe II a instalar su corte en Madrid. Por lo pronto la ciudad era feudo del rey y contaba con una situación geográfica estratégica en el centro peninsular, en la que abundaba el agua, los recursos y los bosques cercanos para cazar. Además, contaba con un palacio cómodo (Alcázar) y la ciudad era un territorio virgen en cuanto a otros contrapoderes que pudieran incomodar al rey, esto es, una nobleza débil, y una iglesia poco representativa.
Esta decisión tuvo una enorme repercusión para la ciudad pues además de convertirse en la residencia del rey, su familia y su séquito, también implicaba la llegada a la ciudad de los aparatos centrales del Estado y de continuas oleadas de inmigrantes atraídas por el influjo de la corte. Así, la ciudad casi cuadriplicó su superficie en poco tiempo, al pasar de las 72 hectáreas que tenía de extensión en 1535 a 134 hectáreas en 1565 y a 282 a finales del siglo. De la misma forma, el caserío urbano compuesto en 1563 por 2.520 inmuebles, pasó a 4.000 en 1571, y rebasó los 7.590 en las postrimerías del reinado de Felipe II; es decir, el número de casas se multiplicó por 3, lo que supone una construcción de 150 viviendas anuales. Los datos de la población también son reveladores; si en 1561 la villa tenía unos 12.700 habitantes, creció hasta 42.000 en 1571, hasta 55.000 en 1584 y alcanzó los 90.000 en 1597. En apenas 40 años la población madrileña se había multiplicado por 4 veces y media, rebasando con creces la tasa de crecimiento anual de las ciudades castellanas, y convirtiéndose en una de las 20 ciudades más pobladas de Europa.
El nuevo caserío de la ciudad se fue estableciendo entorno a los caminos que llegaban a la Villa (Alcalá, Carrera de San Jerónimo, Atocha, Embajadores, Toledo...) y de esta manera, se fueron estructurando los ejes principales que todavía discurren por lo que se ha venido llamando el Madrid de los Austrias. Por el oeste, fue importante la apertura en 1577 de la calle Segovia hasta su encuentro con el puente homónimo que años antes había construido Juan de Herrera. También se van a crear nuevos ejes urbanos como los de las calles de Leganitos, Amaniel, ancha de San Bernardo, Tudescos – Correderas alta y baja de San Pablo- y el eje que comunica la Puerta del Sol con el exterior de la Villa a través de la calle Montera, la Red de San Luis y las calles de Hortaleza y Fuencarral.
Las zonas más antiguas de la ciudad fueron objeto de una profunda remodelación, poco a poco se fueron derribando las murallas medievales y buena parte de sus puertas para poder ampliar las calles y crear nuevas plazas comerciales. En esta lógica se encuadra la regularización de la plaza del Arrabal en 1581, que supuso el derribo de las llamadas “casas de la manzana” y la construcción en 1590 de la Casa de la Panadería.
No sólo trajo “bondades” el establecimiento de la corte, pues para poder alojar al sequito real, a los funcionarios, a la nobleza y a los prelados, el rey había ordenado a su Mariscal de Logis que requisará el 20 % de las casas de la ciudad para alojar en ellas a tan selectos inmigrantes. Pero como no eran suficientes, al poco tiempo y en virtud del derecho conocido como Regalía de Aposento, se ordenó reservar la mitad de las viviendas madrileñas para estos fines. Lógicamente, muchos madrileños optaron por construir y transformar el interior de sus casas de forma que fuera imposible hospedar a los servidores del rey. Estos inmuebles que fueron denominados “casas a la malicia” sirvieron de poco, pues todas las casas que impedían el obligado alojamiento fueron gravadas con un nuevo impuesto. Los fondos obtenidos de la nueva tasa fiscal se emplearían en sufragar los gastos de hospedaje de los servidores de la Corona.
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