Madrid , 15 de Diciembre de 2017

HISTORIA de Madrid

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En el Siglo XX (hasta 1930)

En el Siglo XX (hasta 1939)

Sabías que..

La muerte de Carlos II en 1700 sin sucesión tuvo consecuencias devastadoras no sólo para España sino para las distintas potencias europeas que se alinearon entre los dos pretendientes al trono, que a la sazón eran Felipe de Borbón, duque de Anjou y sobrino de Luis XIV de Francia y el Archiduque Carlos de Austria. Después de 15 años de contienda en la Paz de Utrecht se concertó que Felipe de Borbón accediera al trono de España con el título de Felipe V, iniciándose la andadura de la dinastía Borbón hasta nuestros días. Al igual que en periodos precedentes, los Borbones desarrollaron distintas iniciativas políticas, sociales y culturales con el fin de reflejar la imagen del poder real de la nueva dinastía. La ciudad, por lo tanto, se seguiría utilizando como el escenario adecuado desde el que proyectar y resaltar la imagen de ese poder, en el que, por otra parte, se introducían cambios y matices diferenciadores con respecto a la monarquía de los Austrias.
Las primeras transformaciones urbanas se iniciaron bajo el corregimiento del Marqués de Vadillo (1715-1730), con la ordenación de la periferia sur-occidental de la ciudad para tratar de establecer una nueva relación espacial entre la ciudad y el río Manzanares. Sin embargo, el "desafortunado" incendio del Alcázar en la navidad de 1734 obligó a la corte a trasladarse al palacio del Buen Retiro, con lo que los proyectos de remodelación de la periferia también se trasladaron al eje formado por los prados viejos de San Jerónimo. Estas obras formarían parte de un proyecto unitario que habían diseñado los arquitectos Corona y Guiz en 1744. La nueva tensión urbana del área oriental hizo que las reformas también se fijaran en el resto de la periferia, donde se realizaron algunas actuaciones puntuales y exentas de un plan general de remodelación. Así, en el noroeste se acometió y ornamentó el nuevo camino de Areneros y se construyó la Puerta de San Vicente (1724-1728); en el norte se prefiguraron los bulevares siguiendo el proyecto de F. Nangle (1757); por último, en el sur se construyó el acceso que comunicaba con el nuevo Puente de Toledo (1719-1732) y se remodeló el entorno de la nueva puerta de Atocha con una red caminera en forma de tridente, dando lugar a la formación de los paseos de Atocha (1733-1736) y de las Delicias (1754) e integrando en el trazado viario el Santuario de Santa María de la Cabeza. Durante el reinado de Carlos III se van a producir las reformas urbanas más importantes del siglo XVIII, siguiendo las directrices políticas del Conde de Aranda, primero, y del Conde de Floridablanca, después. Estas políticas chocaron con los intereses de un gobierno local que poco a poco veía como perdía la poca autonomía jurisdiccional que le quedaba. En 1767 se activan los proyectos del Prado de San Jerónimo (1767-1784) y de la Cuesta de San Vicente (1767-1777). El primero fue proyectado por José de Hermosilla y venía a ordenar urbanísticamente el ámbito de la vaguada del arroyo de la Fuente Castellana. Se trataba de integrar de forma unitaria los fragmentos dispersos del espacio de transición entre la ciudad y el conjunto palatino del Buen Retiro, mediante la creación de un espacio circoagonal limitado y embellecido por fuentes (Cibeles, Neptuno y las Cuatro Estaciones o de Apolo), y vías arboladas. La obra se remata con el arreglo y ornato del paseo tangencial que desemboca en la nueva Puerta de Alcalá (1774-1778) y la remodelación del paseo que por el sudeste se dirige hacia el Convento de Nuestra Señora de Atocha. En 1775 se hizo cargo de las obras Ventura Rodríguez, encargándose del diseño final de las fuentes y añadiendo al proyecto original las cuatro fuentecillas del cruce de la calle de Huertas y la fuente de la Alcachofa junto a la Puerta de Atocha.
La remodelación del entorno del nuevo Palacio Real, de la Cuesta de San Vicente (1767-1777), no tuvo el éxito deseado. Esto se debió fundamentalmente a la ingente obra de ingeniería que hubo que realizar, porque para suavizar la pendiente entre la cota del antiguo Alcázar y el acceso noroccidental de la ciudad se tuvieron que reestructurar el Paseo de la Florida, el Camino de El Pardo y la Cuesta de San Vicente. Al mismo tiempo se abrió la nueva calle Real, al este del nuevo palacio, como un auténtico foso de segregación entre éste y la ciudad.
Otras actuaciones vinieron a completar la remodelación y arbolado de los caminos de la periferia, como los paseos del sur (1775-1780), la terminación de los accesos de la Puerta de Atocha y la solución final que adoptó la caminería de este último lugar para comunicar con el fallido proyecto del Canal del Manzanares.
Pese a estas realizaciones urbanas, orientadas más que nada a mejorar los entornos palaciegos, lo cierto es que la ciudad apenas había crecido, ocupando los espacios semiurbanos que quedaban junto a la cerca de 1625 y aprovechando las tensiones que sobre esta había ejercido la remodelación de los paseos de la periferia. Las cifras hablan por sí mismas, pues tan sólo se sumaron 100 hectáreas a las 700 que tenía la ciudad en 1625, y eso que la población había alcanzado algo más de 150.000 habitantes a mediados del siglo XVIII, para alcanzar los cerca de 190.000 a finales de la centuria.
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