Madrid , 24 de Mayo de 2017

HISTORIA de Madrid

Crecimiento urbano
Madrid Corte ...

[ VISUALIZAR ] referencias del Madrid Actual

[ CONTINUAR ] siguiente mapa >>

Madrid Medieval

Solar de Madrid

En el Siglo X (Madrid Musulmán)

En el Siglo XII (hasta 1200)

En el Siglo XIII (hasta 1300)

En el Siglo XIV (hasta 1400)

En el Siglo XV (hasta 1450)

MADRID CORTE

Madrid Capital

En el Siglo XIX (hasta 1845)

En el Siglo XIX (hasta 1875)

En el Siglo XIX (hasta 1900)

En el Siglo XX (hasta 1916)

En el Siglo XX (hasta 1930)

En el Siglo XX (hasta 1939)

Sabías que..

Durante las cuatro primeras décadas del siglo XIX se asiste a un periodo de profundos cambios en todos los ámbitos de la sociedad, que tuvieron como telón de fondo una creciente dicotomía entre lo nuevo y lo antiguo, entre la España monárquica característica del Antiguo Régimen y la construcción del nuevo Estado constitucional. En este contexto tuvieron cabida los efectos que produjo la Guerra de la Independencia, entendida también como una revolución liberal burguesa, el reinado de José I Bonaparte, la reacción absolutista de Fernando VII, las experiencias políticas del Trienio Liberal (1820-1823), la gestación en 1834 del Estado liberal y la primera Guerra Carlista. La ciudad no fue inmune a todos estos acontecimientos, más aún cuando a partir de 1834 adquirió el rango de capital del Estado. Así, entre 1808 y 1843 la morfología urbana registra un proceso de doble destrucción, por un lado, el que ha provocado la Guerra de Independencia (Real Sitio del Buen Retiro), y, por otro lado, la destrucción programada de algunas zonas que persiguen intereses urbanísticos como resultado de los procesos desamortizadores. Los primeros derribos programados se produjeron durante el reinado de José I Bonaparte entre 1809 y 1810, lo que le valió el apodo de rey plazuelas, ya que donde antes hubo conventos luego se abrieron plazas (Santa Ana, Cortes, Mostenses, San Martín, Ramales). No obstante, y pese a lo que Bonaparte representara, lo cierto es que con estas plazas se le dio un aspecto más racional y funcional a la ciudad.
Uno de los proyectos más ambiciosos de este monarca fue la creación de una gran plaza junto a la fachada oriental del Palacio Real, a costa del derribo de gran número de casas y de algún que otro edificio singular (Casa del Tesoro y Convento de San Gil). Sin embargo, las obras las habría de continuar Fernando VII en 1817, tres años después de su restauración en el trono. Isidro González Velázquez se encargó de la concreción de este espacio que contaría con la construcción de un nuevo Teatro Real en el extremo opuesto al palacio. El teatro, diseñado por Antonio López Aguado, fue inaugurado en 1850 y su estética había condicionado tanto el desarrollo de la plaza que se decidió derribar todo lo que se había hecho hasta entonces. El proyecto definitivo, obra de Narciso Pascual y Colomer, fue aprobado en 1844 y es el que actualmente presenta la plaza de Oriente.
La creación de los primeros cementerios en las afueras de la ciudad también se debe a Bonaparte (Generales del Norte y del Sur), seguidos durante el reinado de Fernando VII y décadas posteriores por las conocidas sacramentales (San Isidro, San Nicolás, San Ginés...). Estas mejoras de la ciudad se completaron con el arreglo de unos pocos jardines y la construcción de nuevas dependencias de recreo en el Buen Retiro (jardines del Reservado, Casita del Pescador, Casa de Fieras...), pues después de la Guerra de Independencia del antiguo palacio sólo quedaron en pié el Salón de Reinos – actual Museo del Ejército- y el Salón de Baile –Casón del Buen Retiro-.
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, los liberales aprovecharon la coyuntura que les ofrecía la regencia de María Cristina y la beligerancia carlista para hacerse con el poder y constituir el Estado liberal. La burguesía se encargaría de dirigir los designios del país bajo el nuevo marco constitucional que otorgaba la soberanía nacional. Desde este momento la ciudad se comenzaría a analizar como un todo y no como un escenario cortesano. Las primeras medidas consistieron en reorganizar la administración local (1834-1836) bajo el mandato de José Vizcaíno, conocido como Marqués viudo de Pontejos. Este personaje, que fue el primer alcalde constitucional de Madrid, también se encargó de la reforma del paseo de las Delicias de Isabel II, más tarde llamado de la Fuente Castellana (tramo del actual Paseo de la Castellana que se extiende entre las plazas de Colón y Emilio Castelar).
Al mismo tiempo, el gobierno liberal presidido por Mendizábal puso en marcha la conocida desamortización eclesiástica de 1836, proceso que sumergió a la ciudad en un periodo de enorme confusión. Así, junto a las operaciones de derribo con proyectos apresurados y parciales de nuevas alineaciones de calles y plazas, se produjo un continuo baile de usos públicos para edificios desamortizados pero no enajenados. Plazas como las del Progreso –Tirso de Molina- de Bilbao –Vázquez de Mella- y calles como las de Jerte, Recoletos y Villanueva tuvieron su origen en este proceso.
Por último, en este periodo de confusión se encuadra la publicación del genérico proyecto de Mesonero Romanos sobre "el estado de la capital y los medios para mejorarla", proyecto que embarcará al municipio en un tímido intento de organización de la ciudad con pobres resultados y, más que nada, se concretará en actuaciones como la reforma de la división administrativa, la nueva denominación y numeración de las calles y, entre otras cuestiones, la reglamentación de algunas normativas municipales sobre aceras y empedrados.
Volver a la cabecera de la página